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El puerperio paterno: lo que sienten los hombres.

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¡La llegada de un bebé es un acontecimiento que nos cambia la vida y genera muchas expectativas alrededor de los futuros padres! Aunque cada uno de ellos lo perciba de distinta manera.

La futura mamá siente la presencia de su hijo desde muy temprano en el embarazo, a través de los síntomas que le anuncian al nuevo ser en gestación. A lo largo del embarazo ella va sintiendo los cambios, el crecimiento de su barriga, los movimientos del bebé, esa «compañía» permanente que hace que nunca se sienta sola, y todas las innumerables transformaciones por las que va atravesando no sólo su cuerpo, sino toda ella: los cambios de humor, la sensibilidad, ese estado tan particular de introspección que es a veces difícil de compartir y comprender por los demás….¡Ella está «distinta» en muchos sentidos!

Pero para el futuro papá las cosas son un poco diferentes, ya que aunque él conviva con esos cambios, nunca va a sentir lo que ella siente, por lo que su futuro hijo es en realidad un ser al que podrá acercarse y conectarse durante el embarazo, pero sólo en parte. Será el momento del nacimiento de gran expectativa para este papá y realmente cuando lo pueda ver, sentir, tocar, mirarlo, hablarle, se transformará para él en alguien más «real».

En la actualidad, se espera que éste tenga mucho más protagonismo respecto a su hijo que en tiempos pasados: deseamos que asista a las reuniones de preparto, que participe en el parto, que cambie los pañales, etc. Y si bien es cierto que los papás de hoy están genuinamente más cerca de todo ese proceso de gestación y parto, a veces se transforma en un exigencia, más que en algo placentero.

Desde Comat Matronas, creemos que es muy importante permitir que cada padre vaya construyendo la relación con su hijo de la manera que quiera, dándole la libertad y el lugar para que pueda ensayar distintos modos de estar con su hijo, tomándose todo el tiempo para ir encontrando «su» particular manera de ejercer la paternidad.

Y es por ello por lo que hoy queremos compartir este maravillosa entrada de la Psicóloga María José Gasc con vosotros:

«Cierro los ojos, respiro profundo y recuerdo… pongo las manos en mi vientre y vuelvo a sentir las contracciones, ese dolor adictivo. Siento el olor puro de la oxitocina en mi piel y al unísono de las canciones, resuena en mi mente la voz de mi compañero diciendo “Lo estás haciendo bien, cada vez menos…un poco más…tu puedes…eres tan valiente!”…y yo me siento cada vez más poderosa.
Mi piel húmeda de transpiración, mi cuerpo entregado al dolor para dar vida, y los recuerdos se aparecen… una luz de recuerdo de un “shhhh” de la voz de un hombre que me acunaba cuando tenía horas de vidas…después días, meses y así… recordando hasta el olor del perfume de mi papá.

Llega la hora de más dolor…y nuestro miedo se hace realidad. Ya no hay olor a chocolate o jugo de Sandía…ahora hay olor a limpio, la gente con ropa verde y luces de fuerte intensidad…estamos en pabellón.

Mi compañero tomando mis manos y apoyando su cara junto a la mía. Puedo sentir su miedo y desconcierto. Puedo oler su temor y ansiedad…pero él ahí, con esa voz masculina pero suave haciéndome sentir única y acompañada.

Mi hijo nace, y las caras, ahora son solo de alegría y placer…la oxitocina vuelve…tímida pero aparece, y baña mi cuerpo para poder llenar mis pechos de leche…y él…mira, observa, se asombra, admira.

¿Qué nos pasa a nosotras cuando nuestro cuerpo rompe como volcán y damos vida?, ¿Qué pasa cuando renacemos como mujeres y ahora, en un cuerpo nuevo, diferente, cansado, tenemos el nombre de “Mamá”?… surge esta mágica fusión con nuestro hijo, nos bañamos e inundamos de hormonas ricas que nos ayudan a enamorarnos más y más de nuestro bebé… entramos y nos sumergimos en las olas del Puerperio.

¿Y ellos? ¿Y el papá de esa guagua? ¿El hombre que es 50% responsable de la existencia de esa vida?…¿Qué le pasa a él desde ese momento?…

Se enamoran de su hijo, pero no como nosotras…ellos, por primera vez sienten vibrar su corazón de amor hacia esa criatura indefensa por la cual, recién, darían la vida.
Tocan, huelen, miran…y se hacen a un costado…se asombran, es todo mágico…quizás demasiado mágico que les cuesta creer que sea verdad.

Y llegamos a la casa, cansadas, con sueño, con ojeras, los pechos llenas de leche y si hubo cesárea…mucho dolor. Estamos agotadas, y las energías que nos quedan las ponemos al servicio de nuestr@ hij@, pues así manda el cuerpo y corazón…ya casi no queda mente.

Y ellos…, tocan, huelen, miran…y se hacen a un costado…se asombran, es todo mágico…quizás demasiado mágico que les cuesta creer que sea verdad.
Son las 3 de la mañana, nosotras cansadas, apenas hemos dormido. Hemos dado pecho o mamadera varias veces en la noche y miramos como él duerme plácidamente, como si no supiera lo que está pasando.. y empezamos “podría despertarse aunque sea para traerme un vaso de agua”…“Y después anda diciendo que la guagua duerme toda la noche”…“quién como él”…y seguimos…pues estamos inmersas en las olas, suaves y a veces tormentosas del Puerperio.

Pero…¿Qué le pasa a él?, ¿Qué le pasa a este hombre que también renace desde una nueva identidad de ser padre…aunque sea su segundo o tercer hijo…vuelve a renacer, pero ahora con una nueva vida que entra en su mente y cuerpo, mientras observa una mujer que está entregando su cuerpo en un 100% a la vida, a la alimentación, a la sobrevivencia de su bebé…y él toca, huele, mira…y se hacen a un costado…se asombran, es todo mágico… quizás demasiado mágico que le cuesta creer que sea verdad.

Entonces comienza esa lucha, esa lucha de amor y admiración, esa lucha de intereses, donde hay un cuerpo de hombre cansado, con hambre y sueño y una mujer con hambre y sueño…dos adultos y un recién nacido que llora, come y duerme…dos cuerpos que en momentos se sintonizan y en otros no tanto.
Y comienza, este nuevo hombre, a ver que la madre de su hij@ ya no tiene el mismo cuerpo, que es un cuerpo aún mejor, que ahora da vida y resaltan las curvas acentuadas de la maternidad…pero ella, entregada en cuerpo y alma a la maternidad…muchas veces no lo ve…y entonces, ¿qué pasa?

Todas tenemos experiencias diferentes, y desde el discurso podemos leer frases de desconsuelo, desamparo, admiración, agradecimiento y culpa hacia el padre de tu hijo o hija, y esto ocurre porque en ellos también resuena el presente, pasado y futuro…entra en juego las sombras y luces del pasado; las necesidades no resueltas, los llantos no atendidos, las mamaderas vacías, los pechos secos y las piezas solitarias, entra nuestro hombre, también en el Puerperio. Uno distinto al nuestro, donde no hay hormonas, no está esa “ruptura volcánica” que nosotras vivimos, pero definitivamente, el llanto de su cría, lo pone en contacto (al igual que a nosotras) con aspectos infantiles del pasado.

¿Qué le pasa a ese hombre que duerme “plácidamente” en las noches mientras nosotras con ojeras, pijamas mojados con leche y cansadas mecemos a nuestra criatura?…descansa…para salir a trabajar, descansa su cuerpo cansado de tocar, oler, mirar…y hacerse a un costado…de asombrarse, y sentir que todo es mágico…quizás demasiado mágico que le cuesta creer que sea verdad…y todos lo resuelven de distinta manera…algunos callados, otros proactivos con ganas de mudar, “sacar chanchitos”, mecer, hacer dormir, o simplemente no hacer nada…pero lo cierto es que “algo” pasa…y a “eso” que pasa, le he decidido prestar nombre y ponerle también “Puerperio”.

Si queremos criar con respeto y amor a nuestros hijos, también debemos predicar con el ejemplo, mostrar respeto a los que nos rodean y sobre todo a los que rodean a nuestros niños… por ejemplo su Papá. Un papá que muchas veces no entiende lo que pasa, un papá que quiere que su mujer deje de dar pecho… pero NO es porque sea egoísta y no sepa los beneficios de la lactancia… es más bien, porque este hombre ha entendido de alguna forma, que en la medida que su mujer de pecho, él no tiene acceso a ese cuerpo…y eso no es ni bueno ni malo… simplemente ES, y no sabe cómo reaccionar.

No hay culpables, solo personas con historia, luces y sombras…y no es la madre solamente quien necesita ser maternada y acogida en el Puerperio, es también el hombre que necesita ser informado y contenido, por otros hombres, por familia, amigos y también por nosotras.

La invitación no es a ser unas “Geishas”, es más bien a entender y empatizar con ellos de la misma manera en que queremos que nuestro hijo/a lo haga el día de mañana con otras personas, es mostrar con el ejemplo que entendemos que todos entramos en caos y que tal cual lo dice el famoso proverbio africano “Para criar un niño hace falta una tribu entera”, y creo fielmente que nuestros antepasados hacían alusión a ello, pensando justamente en la tribu entera, la cual se conforma por madres, hijos mayores, recién nacidos y hombres que son padres.»

 

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